Ayer caminando por la capital se
me ocurrió hacer una efímera visita a esa institución en la que estamos
representados todos los españoles, en la que la unidad de España queda
plasmada, ese edificio que ha visto pasar desde un golpe de estado hasta la
propuesta de independencia de Catalunya. Si, habrán deducido que, con bastante
sarcasmo, hablo del Congreso de los Diputados.
Pues bien, me sorprendieron dos
cosas, dos cosas bastante significativas que plasman el momento que vive la
sociedad española, el desengaño, la impotencia, el desprecio hacia los
políticos, vamos que la sociedad española, y perdónenme, está hasta las
narices.
La primera de ellas fue observar
que desde las 9 am hasta las 11pm en frente de esta maravillosa institución estaban
apostados varios coches de policía antidisturbios así como todo un
complejo mecanismo de vallas. ¿Por qué
se preguntarán ustedes?. Pues bien, porque de vez en cuando, o sea, cada día, hay
un grupito de manifestantes, que ya sea por una cosa o por otra, intentan
entrar en el Congreso, a ver si así se les escucha. Cabe recordar que,
supuestamente, el parlamento es la expresión de la voluntad del pueblo.
La segunda, y más impactante, fue
la reforma de la fachada del Congreso. ¿Qué tontería dirán ustedes!. Pues no,
es la mejor metáfora de la situación actual. Un sistema que se hunde, que se
desmorona, al cual los políticos intentan hacer un lavado de cara y que sujetan
con los andamios de las leyes, pero que está carcomido por dentro y que
terminará cayéndose. Pero, por el momento, sigue en pie gracias a esos
andamios.
Pues bien, no quiero aburrirles
más, pero me gustaría recordar que ya
llevamos casi 40 años de democracia, 40 años con las mismas estructuras, las
cuales, se están desmoronando, y no sabemos hasta cuando aguantarán.
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