jueves, 24 de octubre de 2013

¿Nos vamos y dejamos esto?

              Hace algún tiempo,  alguien afirmo que cada mañana al levantarnos deberíamos pensar si realmente queremos vivir el día que tenemos por delante, y que si la respuesta es” no”, deberíamos hacer algo para cambiarlo. La verdad, ese alguien tiene todos mis respetos. Hay que tener mucho valor para cambiar de vida pero aún más valor para hacerse la pregunta. 

            Hoy por primera vez en mucho tiempo me he atrevido a hacerme la pregunta, ¿realmente quiero vivir otro día igual? Y si, se de sobra la respuesta. Además,¿ por qué no arriesgar todo cuando tienes tan poco que perder?. El día que asumes que necesitas un cambio es un momento difícil, te entra el pánico al ver que tu mundo se desmorona pero también ves como se abren nuevas posibilidades ante ti. Y entonces te preguntas a ti mismo ¿durante cuánto tiempo he estado engañado?. 

             Pero ahora nada de eso importa, porque estas en el punto de no retorno donde nada volverá a ser igual y está en tu mano decidir si te quedas en el mismo lugar o si aprovechas el momento. Está en tu mano elegir entre quedarte estancado para siempre o caminar hacia adelante y si al final te decides por caminar yo que tu iría de la mano de los que más quieres porque no todos estamos preparados para caminar solos.

martes, 8 de octubre de 2013

una semana, no más

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral de turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado en la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras de amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te quiero cuando te digo: "qué calor hace", "dame agua", "¿sabes manejar", "se hizo de noche"... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te quiero".)
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tu quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

domingo, 6 de octubre de 2013

c'est la vie

      Hay cosas en la vida que no esperas, otras que deberías suponer. Algunas te sorprenden, otras acaban con tus planes. Cosas para bien y otras que te hunden hasta lo más profundo. Situaciones que te superan y otras que afrontas como si de un juego se tratase. Hay cosas especiales, otras ordinarias y algunas que siempre están ahí y que curiosamente consideramos que deberían ser así siempre.
      Pero entonces llega ese día, el día en que tienes que sopesar lo que te han ofrecido hasta ahora y lo que puedes llegar a conseguir en el futuro, llamémosle un análisis coste-beneficio. Muchos viven con miedo a ese momento, pensando que es en ese instante cuando el egoísmo entra de lleno en sus vidas, otros no quieren afrontarlo y eligen vivir anclados en el pasado, que puede ser que no fuera mucho mejor, pero que es más cómodo porque es conocido.
       Pues bien, yo no soy de ninguna de esa clase de personas. En mi opinión cada día merece nuestro análisis, cada segundo, cada instante . Es cierto que muchos dirán que estoy loca por no querer preocuparme del futuro, pero, seamos sinceros, ¿no es cierto que si nos centramos en él nos perdemos todo lo bueno del presente?.
       Y si, planificar está muy bien, tener metas, sueños. El problema, el verdadero problema, es que en muchas ocasiones nos centramos tanto el ello que el mínimo tropiezo en nuestras intenciones puede marcarnos para siempre. Tal vez hay que empezar a valorar las cosas que tenemos, los pequeños detalles, el día a día, porque al fin y al cabo eso es lo único seguro, lo que ocurre con seguridad y que tenemos siempre. Un análisis coste-beneficio demasiado simple pero eficaz para ser felices día a día. Y está bien, podrán llamadme corto placista, pero no creo que vivir más preocupados por nuestro futuro sea la mejor manera de disfrutar el presente.

        Si viviese anclada en el pasado muchas personas no estarían en mi vida, no daría segundas oportunidades, no me atrevería a intentarlo de nuevo. Y si pensara en el futuro tampoco estaría decidiendo libremente, porque cada acción condicionaría aquello que pudiera llegar a ser. Es por ello que hay que empezar a pensar en el presente, en las pequeñas cosas, los pequeños placeres de la vida, sin miedo a tropezar, porque si no podríamos llegar a ser infelices siempre, y eso si que no me lo perdonaría nunca.