Hay cosas en la vida que no esperas, otras que deberías
suponer. Algunas te sorprenden, otras acaban con tus planes. Cosas para bien y
otras que te hunden hasta lo más profundo. Situaciones que te superan y otras
que afrontas como si de un juego se tratase. Hay cosas especiales, otras
ordinarias y algunas que siempre están ahí y que curiosamente consideramos que
deberían ser así siempre.
Pero entonces llega ese día, el día en que tienes que
sopesar lo que te han ofrecido hasta ahora y lo que puedes llegar a conseguir
en el futuro, llamémosle un análisis coste-beneficio. Muchos viven con miedo a
ese momento, pensando que es en ese instante cuando el egoísmo entra de lleno
en sus vidas, otros no quieren afrontarlo y eligen vivir anclados en el pasado,
que puede ser que no fuera mucho mejor, pero que es más cómodo porque es
conocido.
Pues bien, yo no soy de ninguna de esa clase de personas. En
mi opinión cada día merece nuestro análisis, cada segundo, cada instante . Es
cierto que muchos dirán que estoy loca por no querer preocuparme del futuro,
pero, seamos sinceros, ¿no es cierto que si nos centramos en él nos perdemos
todo lo bueno del presente?.
Y si, planificar está muy bien, tener metas, sueños. El
problema, el verdadero problema, es que en muchas ocasiones nos centramos tanto
el ello que el mínimo tropiezo en nuestras intenciones puede marcarnos para
siempre. Tal vez hay que empezar a valorar las cosas que tenemos, los pequeños
detalles, el día a día, porque al fin y al cabo eso es lo único seguro, lo que
ocurre con seguridad y que tenemos siempre. Un análisis coste-beneficio
demasiado simple pero eficaz para ser felices día a día. Y está bien, podrán llamadme
corto placista, pero no creo que vivir más preocupados por nuestro futuro sea
la mejor manera de disfrutar el presente.
Si viviese anclada en el pasado muchas personas no estarían
en mi vida, no daría segundas oportunidades, no me atrevería a intentarlo de
nuevo. Y si pensara en el futuro tampoco estaría decidiendo libremente, porque
cada acción condicionaría aquello que pudiera llegar a ser. Es por ello que hay
que empezar a pensar en el presente, en las pequeñas cosas, los pequeños
placeres de la vida, sin miedo a tropezar, porque si no podríamos llegar a ser
infelices siempre, y eso si que no me lo perdonaría nunca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario