jueves, 4 de abril de 2013

l'élégance du hérisson

        Odio esta falsa lucidez de la edad madura. La verdad es que son como todos los demás: chiquillos que no entienden que les ha ocurrido y que van de duros cuando en realidad tienen ganas de llorar. 
         Sin embargo, es fácil de comprender. El problema está en que los hijos creen lo que dicen los adultos, y, una vez adultos a su vez, se vengan enseñando a sus propios hijos. "La vida tiene un sentido que los adultos conocen" es la mentira universal que todos creen por obligación. Cuando, una vez adulto, uno comprende que no es cierto, ya es demasiado tarde. El misterio permanece intacto, hace tiempo que se ha malgastado en actividades estúpidas toda la energía disponible. Ya no le queda a uno más remedio que anestesiarse como puede tratando de enmascarar el hecho de que no le encuentran ningún sentido a la vida.
          La gente cree ansiar y perseguir estrellas, pero termina como peces de colores en una pecera. Me pregunto si no sería más fácil enseñarles a los niños desde el principio que la vida es absurda. Esto le robaría algunos buenos momentos a la infancia, pero permitiría que el adulto ganara un tiempo considerable (por no hablar de que se ahorraría algún trauma que otro).




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