lunes, 6 de enero de 2014

Aquel teléfono

Decía que me quería, solía cogerme de la mano mientras me susurraba al oído palabras sin sentido. Le encantaba desenredarme el pelo con la yema de los dedos y me rogaba que no cambiara nunca mi marca de champú. Adoraba escuchar mis anécdotas callado, mirándome con esos enormes ojos fijos en mis labios, y terminaba riendo, pronunciando con esa frase que tanto me costaba escuchar: " !Amor, qué carácter tienes!". Sonreía al verme poner caras raras cuando no entendía lo que ponía en mis apuntes y disfrutaba observando atentamente como me dedicaba a hacer garabatos sin sentido mientras, ingenua de mi, intentaba averiguar como arreglar nuestro mundo. Adoraba sentarse a mi lado mientras yo leía las páginas de aquel maravilloso libro, escogía quedarse allí conmigo, sentado en el césped esperando a que yo decidiera darle un beso o marcharme sin más. Aguantaba mis enfados de niña chica y le hacían gracia mis comentarios sobre la vida en París. 
Pero un día yo me fui y él... bueno, él se quedó allí, esperando, al lado de aquel teléfono viejo, esperando oír mi voz a seiscientos kilómetros de distancia. Pero aún no se había percatado de que yo no regresaría, de que no llamaría, de que a mi me da vergüenza hablar por teléfono. 

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