El ser humano tiene cosas fascinantes, como que cada hora mil millones
de células de nuestro cuerpo son remplazadas o que nuestros fémures son más
fuertes que el hormigón. Pero hay una que me seduce especialmente, un rasgo de
la condición humana que me fascina: lo increíblemente idiotas que podemos
llegar a ser.
Somos una especie idiota.
Nos encanta dejarnos llevar por nuestros sentimientos cuando estamos muertos de
miedo, en vez de cuando realmente podemos disfrutarlo. Y por supuesto, nos
desvivimos por darnos cuenta de lo que realmente queremos justo cuando nos
damos cuenta de que nos lo quieren quitar. Huimos bien lejos para escapar de la
tristeza cuando tenemos la felicidad al alcance de la mano. Muchas veces me
pregunto ¿Cómo hemos sido capaces de llegar hasta la Luna si ni siquiera somos
capaces de cuidar de nosotros mismos?
No hay comentarios:
Publicar un comentario